El placer, es, entonces, inútil.

La sed, más que un vacío, es el anhelo a la satisfacción, a la llenura. Cuando se deleita uno, entonces, con el orden del texto de Nietzsche, con la profundidad de Cioran, no se quiere más que estar tan satisfechos como ellos en materia filosófica, en materia poética, o en tal caso, insatisfecho. No hay sangre propia que logre, debajo de la luz observadora, la misma tonalidad oscura que la de ellos.

Uno devora, muy consciente, todo el material disponible de los autores viejos, acaba con él, y, al final, no se ha sangrado una gota. Se salta de una página a otra, y para poder seguir el punto presente, no se necesita más que las últimas dos oraciones que culminan con la página anterior. Es un grave problema. Al leer no se sangra. Pero para sangrar hay que tener nutriente. Sin valor bruto, sin materia, sin nutriente, no quisiera haber hay sangre. ¡No me imagino tarea más inútil que la de una sangre transportándose sólo a sí misma!

Pero mi intención no es decir lo obvio, repetir lo que está ya escrito entre las líneas de todos, sino dar eco al sentimiento horroroso del que me quiero deshacer. Entonces: se lee, se lee la siguiente página, y para la siguiente ¡ya se ha ido lo que estaba en la primera! Si se devolviese uno, sería seguramente fútil el esfuerzo al llegar a la tercera página de nuevo.

Se podría decir entonces, que sólo se ha leído, a cada instante, la última página del último libro leído. ¡Cuánto tiempo hemos perdido!

Como la sed no se ha saciado sino después de un rato de haber tomado, así mismo no se sacia uno al cerrar el libro. No se ha vivido lo escrito. No se ha danzado a cada página. Y cuando se vomita de saciedad casi inesperada, indigesto uno, no se ven más que los restos y el ácido, no hay más que conjeturas y anécdotas, más no hay vida completa.

Pero ¡ay!, cuán placentero fue el momento de tomar, de beber de la fuente pura, beber del tiempo. El vacío es, sin embargo, permanente. Se bebe y se está sediento todo el tiempo. La sangre, sin embargo, ha transportado más peso propio que nutriente ingerido. Es fútil de todos modos. Es enorgullecerse de naderías.

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